Michel Foucault. “El Ojo del Poder”. Informe
Escrito
Fuente: Entrevista con Michel
Foucault, en Bentham, Jeremías “El Panóptico, Ed. La Piqueta, Barcelona, 1980.
Traducción de Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría.
El Panóptico: Arquitectura para
vigilar
Partiendo del modelo del Panóptico de Jeremías Bentham, Jean
Pierre Barou entrevista a Michel Foucault
sobre esta obra del siglo XVIII hasta ese entonces desconocida y de la
que Foucault bautiza como “un acontecimiento en la historia del espíritu
humano” que sorprendente más que todo, en
que Foucault iniciara su formulación de la concepción del poder en función de
un presupuesto arquitectónico. Una formulación que constituye parte aguas en la
comprensión del poder a partir del siglo XIX y que ha permitido estudiar el
poder, no como una fuerza que se tiene ya sea por una autoridad, ya sea por un
atributo sino de un poder que en el mundo moderno debe verse como una máquina
de la que nadie es dueño y todos son engranajes de esa máquina que nadie domina
pero que todos coadyuvan a su mantenimiento y funcionamiento.
Foucault toma un elemento visible como el Panóptico de Bentham
para iniciar el análisis a través de la arquitectura. En el siglo XVIII se reforma la ciencia médica
y uno de los principios básicos era contar con una visibilidad del cuerpo como
respuesta al modelo iluminista que todo debía ser estudiado y puesto bajo el
ojo de la ciencia.
Es por ello que la arquitectura debía que responder a fines
económico-políticos (urbanismo, salud) ya que al mismo tiempo que el
Iluminismo, surge la reconfiguración del Estado con la Revolución Francesa y
los servicios sociales empiezan a ser regulados por el Estado ya como
instituciones públicas. Por lo que la arquitectura en dichas instituciones
debía cumplir con un principio: ejercer “bien y fácilmente” el poder (pp.3). Una
arquitectura para instituciones públicas como escuelas, prisiones, hospitales
que son espacios donde se el poder es ejercido por los inspectores, doctores o
maestros para vigilar y castigar. Espacios abiertos y divididos en donde la
vigilancia pudiese ser global e individualizada separando a los vigilantes de
los vigilados pero de una manera que el vigilante vigilara sin ser visto por el
vigilado.
Es por ello que Foucault se cuestiona si el panóptico no era más
que una respuesta práctica a las necesidades de ese momento, si no era también
una forma de reconfigurar la vigilancia hacia los dominados y la arquitectura era
esa herramienta que configura el espacio para la articulación de las relaciones
de dominación.
Revolución Francesa: La Mirada para la
sociedad transparente
En el momento histórico en que Bentham inventa el panóptico, las
ideas del Iluminismo y la Revolución Francesa conmocionaban toda Europa, y él
toma las ideas rossounianas de la sociedad iluminada, transparente donde todos
se vean y que la libertad del pensamiento reine a la sociedad moderna, el
estandarte de la opinión como ejercicio de la libertad. De una sociedad donde
no sean necesarios los castigos ejemplares o inhumanos sino que el sujeto
moderno fuera capaz de auto regularse ya que existen los mecanismos que
aseguran esa “domesticación”.
Por su lado Bentham, muy a su punto de vista retoma este ideal al
indicar que el que opina es porque es capaz de ver todo a su alrededor y
el tener centros de vigilancia respondía al ideal roussoniano de una sociedad
transparente, visible y legible para que el Estado sepa qué necesita el pueblo,
que nadie esté insatisfecho o descontento, que todos cumplan con sus deberes. Y
para Bentham la transparencia se basaba en la visibilidad y para que existiera
la visibilidad tenía que haber una mirada vigilante y dominadora (pp.6)
Si el panóptico permite vigilar sin ser visto, entonces se
reconfiguran las relaciones de poder. En el nuevo mundo donde la razón y la lógica
son la única ley, la forma de determinar
las nuevas formas de dominación sin que existiese una violencia explícita sobre
los dominados y así no provocar motines ni revueltas de una numerosa población
descontenta contra una minoría que ostenta el poder. Y el panóptico de Bentham
brinda esa receta maravillosa de una vigilancia donde todos se vuelven
vigilantes, el poner bajo el ojo crítico de todos a todos que todos seamos juez
y este nuevo sistema moderno no se pueda obrar contra las leyes ni se ha de
quererlo.
Poder invisible: El camarada también
es vigilante
¿Cómo el individuo es capaz entonces de auto regularse? ¿Cuál
sería el elemento que coartaría a los individuos de desobedecer, sin necesidad
siquiera de imponer castigos? Es en este punto donde Bentham pone la fe sobre
la Mirada y el panóptico es el resultado de ello. Las personas no actuarán ni
desearán actuar mal porque todos están expuestos a la opinión de los otros
(condena y humillación pública), la mirada de los otros (alguien sabe cuando se
obra mal, caso de la religión), los discursos de los otros (el aparato
ideológico que internaliza la validez de dichas opiniones) (pp. 7)
Es por ello que la importancia de lo que ahora conocemos como “el
qué dirán” se alza como el mayor vigilante de los actos de todos, y de lo que
asegura la validez del discurso foucoltiano en el mundo posmoderno donde rigen
las telecomunicaciones y la globalización.
En el caso del panóptico, la mirada se aplicaba en esos grupos que se
consideran inferiores en la dinámica de la sociedad, de esos grupos que deben
ser normados ya sea para introducirlos en una efectiva socialización (caso de
los niños y los jóvenes a través de la escuela) ya sea para castigar y reforzar
la normalización en los que cometen un delito (prisiones) o también para
excluir a los que no logran ajustarse a esa normalización desvalidando su
“juicio” y “sentido común” acusándolos de enfermos (como es el caso de las
psiquiatrías) y así se puede seguir en varios escenarios en donde a los sujetos
se los ubica en espacios de socialización como espacios de vigilancia y
normatividad, donde todos ponen en práctica los códigos normativos
establecidos, cumplan con el rol que se le asigna y el que se salga de ello se
le castiga con la humillación pública, la exclusión social o el reforzamiento
de la norma.
Por lo tanto, las técnicas de
ejercicio del poder que se ven en el panóptico es la mirada y la palabra, según
Bentham "es
preciso estar incesantemente bajo la mirada de un inspector; perder la facultad
de hacer el mal y caso el pensamiento de quererlo" por lo tanto lo que se
desea es impedir obrar mal y quitarles el deseo de hacerlo, "no poder y no
querer" sintetiza Foucault (pp.8)
Un
método que según Foucault, resulta bastante barato ya que no hay necesidad de
armas, violencias físicas para coaccionar al sujeto, basta una mirada, una que
vigile y que cada uno sintiéndola pesar termine de interiorizarla hasta el
punto de vigilarse a sí mismo (pp. 9) una de las formas más baratas y efectivas
para vigilar aunque no la única.
La Maquinaria: El poder no se tiene,
se ejerce
¿A favor de quién construye Bentham el panóptico? ¿Quién va a ser
la mirada? Si en la sociedad post revolución ya no hay monarquía ya no hay dios
¿quién es entonces el que tendría el poder? Posiblemente ni siquiera el mismo
Bentham lo tuviera claro, pero para Foucault el asunto estaba resuelto: nadie.
El poder, según dice, “no radicaría totalmente en alguien y que
ese alguien ejercería él solo y de forma absoluta sobre los demás; es una
máquina en la que todo el mundo está aprisionado, tanto los que ejercen el
poder como aquellos sobre los que el poder se ejerce” (pp. 10) Esta
maquinaria donde no todos son iguales, están plenamente diferenciados bajo una
jerarquía piramidal pero esta no cuenta con un principio o un "centro
luminoso", sino más bien existe un condicionamiento recíproco, mutuo e
indefinido. Esta forma de ejercicio de la vigilancia si bien es a través de la
vigilancia mutua, el castigo se ejerce de una forma jerárquica en donde se
delega a otros ciertos niveles de poder, quienes vigilan y castigan pero
también Foucault hace la aclaración que el poder no es una fuente sino es un
tratamiento mutuo.
Al delegar ciertos niveles de poder, Foucault hace referencia de
los capataces, los suboficiales que fuesen los que se encargasen de llevar a
cabo las designaciones del patrón además de vigilar que todo estuviera en orden.
Una nueva distribución de poder que se llama disciplina, con jerarquías,
cuadros, inspecciones, ejercicios, condicionamientos y domesticaciones (pp.
12). Esto pues es lo que todos estamos sujetos a cumplir y a hacer cumplir. Es
por ello que Bentham hiciera el énfasis en la disciplina a través del trabajo y
no solo del productivo y es que existen tres dimensiones del trabajo: el
trabajo productivo que es el que sirve al sistema de producción, que mueve la
economía; el trabajo simbólico que es el que realizan las amas de casa, y el
trabajo con función de domesticación o disciplinario que es el que ocupa a
Foucault, a través del valor del trabajo se impone el hábito, la disciplina, se
acostumbra y normaliza al individuo.
Resulta interesante que Foucault hiciera la observación que ese
ejercicio disciplinario fuera aplicado primeramente a sectores de la sociedad
mecanizados que contaban con fuerte presencia de mujeres o niños, esos espacios
donde se encuentran las personas acostumbradas a obedecer: mujer a su esposo,
niño a su maestro, en estos espacios las resistencias no se hacen visibles y
más bien, se llevan a cabo estos procesos de domesticación con total
tranquilidad.
Otra cosa sucede en los sectores mayoritariamente masculinos, y es
que en estos casos se hace necesario delegar los poderes, de crear un verdadero
contra-poder en donde se delega en el hombre que sea respetado por los demás ya
sea un líder que a su vez, vean como su igual pero de quien respetan su
autoridad (pp.16). Esto representa un punto interesante de lo que se concibe
como la dominación, ya que los primeros ejercicios de vigilancia se aplican en
sujetos de los que ya se espera una reacción sumisa, esto indica de una
dominación mucho más primitiva, de la visión paternalista y adulto-céntrica.
Por lo tanto, el panóptico no es un producto de invención para que
un grupo tenga el poder, sino más bien, es una maquinaria donde todos deben
ejercer un papel distinto que unos dominan y se acercan más al poder que no se
busca homogeneizar sino más bien que todos estén expuestos a la vigilancia,
tanto de los otros como de la propia.
Que no sea necesaria la presencia de un ejército para coaccionar a los
sujetos, sino que se mueva a través de canales tan finos que alcance a todos
los individuos, su cuerpo, sus gestos que cada una de sus actividades
cotidianas estén bajo la mirada y que a través de la auto-vigilancia ese poder
logre la cúspide de su propósito: vigilar bien y fácilmente.
El papel de las resistencias y las
escapatorias en la sociedad donde todo se ve
Algo que sucedió con todos los reformadores del siglo XVIII,
incluyendo Bentham, era la excesiva confianza en la opinión, pues la concebían
como una opinión basada en la conciencia inmediata del cuerpo social entero
(pp. 15), era vista como una reactualización del contrato social.
Esto hace del panóptico en cierta medida la utopía de la sociedad
ilumidada, al asumir que la opinión estaría ajena a los intereses
económico-políticos y se le atribuye el carácter de una vigilancia “democrática”
por naturaleza.
Si Bentham creía en el poder
de la mirada vigilante que asegurara el control social de manera justa,
Foucault lo denomina como utópico ya que indica que esa mirada también puede
estar a disposición de ciertos intereses económico-políticos. Ejemplo de ello pone el periodismo; al creer que
publicar todo nos encontraríamos con la verdad cuando en realidad esa verdad
que se muestra, que se "ve" no es más que una visión maleable.
Foucault plantea entonces el cuestionamiento si la subalternidad
alguna vez se cuestiona lo anterior, si están plenamente conscientes de la
coacción a la que están siendo sometidos, o de que si lo asumen naturalmente.
Como se señaló anteriormente, ciertamente en el caso de los hombres la
resistencia es mucho más visible y se hacía de necesidad establecer
contrapoderes para asegurar la vigilancia, también en todo presupuesto de
regulación de la sociedad, el papel de las resistencias toma un protagonismo.
Es por ello que Michelle Perrot hace mención de los descontentos
de los obreros por los horarios, por habitar en las ciudades obreras, del alto
nivel de violencia que se maneja en las cárceles. Y es que al analizar la
aplicación del panóptico, deben analizarse las resistencias en términos de
táctica y estrategia indica Foucault (pp. 17) y es que es necesario superar que
el ejercicio del poder es victorioso y pasivo, sino más bien el análisis del
poder debe guiarse en señalar las posiciones y los modos de acción tanto de los
dominantes como los que se resisten, las posibilidades de resistencia y
contra-ataque de unos y otros.
Y es que pregunta Foucault, ¿la relación de fuerzas en el orden de
la política es una relación de guerra? Hacer una respuesta definitoria de ello
no puede darse al afirmar que las relaciones de poder se basan solamente en una
lucha entre dominantes y dominados, ya que “si se toma en serio la afirmación
de que la lucha está en el corazón de las relaciones de poder, hay que tener
presente que la brava y vieja <lógica> de la contradicción no basta para
desembrollar los procesos reales” (pp.17) Dejando abierta la posibilidad que en
realidad no todo se puede deducir de las conflictivas relaciones de producción
que bien afirma Marx.
Los prisioneros en su resistencia van a anhelar tomar la torre que
todo lo ve, si ellos toman la torre ¿acaso no se volverían vigilantes también? ¿por
lo tanto, qué vigilancia y a favor de quién sirve el panóptico? Estas
interrogantes no son más que el preámbulo de lo que Foucault desarrolla en su
teoría del poder.
Julia Leonor Silvestre 200810525
Rebeca Eunice Vargas 200512411
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