jueves, 25 de octubre de 2012


Michel Foucault. “El Ojo del Poder”. Informe Escrito

Fuente: Entrevista con Michel Foucault, en Bentham, Jeremías “El Panóptico, Ed. La Piqueta, Barcelona, 1980. Traducción de Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría.

El Panóptico: Arquitectura para vigilar
Partiendo del modelo del Panóptico de Jeremías Bentham, Jean Pierre Barou entrevista a Michel Foucault  sobre esta obra del siglo XVIII hasta ese entonces desconocida y de la que Foucault bautiza como “un acontecimiento en la historia del espíritu humano” que  sorprendente más que todo, en que Foucault iniciara su formulación de la concepción del poder en función de un presupuesto arquitectónico. Una formulación que constituye parte aguas en la comprensión del poder a partir del siglo XIX y que ha permitido estudiar el poder, no como una fuerza que se tiene ya sea por una autoridad, ya sea por un atributo sino de un poder que en el mundo moderno debe verse como una máquina de la que nadie es dueño y todos son engranajes de esa máquina que nadie domina pero que todos coadyuvan a su mantenimiento y funcionamiento.
Foucault toma un elemento visible como el Panóptico de Bentham para iniciar el análisis a través de la arquitectura.  En el siglo XVIII se reforma la ciencia médica y uno de los principios básicos era contar con una visibilidad del cuerpo como respuesta al modelo iluminista que todo debía ser estudiado y puesto bajo el ojo de la ciencia.
Es por ello que la arquitectura debía que responder a fines económico-políticos (urbanismo, salud) ya que al mismo tiempo que el Iluminismo, surge la reconfiguración del Estado con la Revolución Francesa y los servicios sociales empiezan a ser regulados por el Estado ya como instituciones públicas. Por lo que la arquitectura en dichas instituciones debía cumplir con un principio: ejercer “bien y fácilmente” el poder (pp.3). Una arquitectura para instituciones públicas como escuelas, prisiones, hospitales que son espacios donde se el poder es ejercido por los inspectores, doctores o maestros para vigilar y castigar. Espacios abiertos y divididos en donde la vigilancia pudiese ser global e individualizada separando a los vigilantes de los vigilados pero de una manera que el vigilante vigilara sin ser visto por el vigilado.
Es por ello que Foucault se cuestiona si el panóptico no era más que una respuesta práctica a las necesidades de ese momento, si no era también una forma de reconfigurar la vigilancia hacia los dominados y la arquitectura era esa herramienta que configura el espacio para la articulación de las relaciones de dominación.
Revolución Francesa: La Mirada para la sociedad transparente
En el momento histórico en que Bentham inventa el panóptico, las ideas del Iluminismo y la Revolución Francesa conmocionaban toda Europa, y él toma las ideas rossounianas de la sociedad iluminada, transparente donde todos se vean y que la libertad del pensamiento reine a la sociedad moderna, el estandarte de la opinión como ejercicio de la libertad. De una sociedad donde no sean necesarios los castigos ejemplares o inhumanos sino que el sujeto moderno fuera capaz de auto regularse ya que existen los mecanismos que aseguran esa “domesticación”.
Por su lado Bentham, muy a su punto de vista retoma este ideal al indicar que el que opina es porque es capaz de ver todo a su alrededor y el tener centros de vigilancia respondía al ideal roussoniano de una sociedad transparente, visible y legible para que el Estado sepa qué necesita el pueblo, que nadie esté insatisfecho o descontento, que todos cumplan con sus deberes. Y para Bentham la transparencia se basaba en la visibilidad y para que existiera la visibilidad tenía que haber una mirada vigilante y dominadora (pp.6)   
Si el panóptico permite vigilar sin ser visto, entonces se reconfiguran las relaciones de poder. En el nuevo mundo donde la razón y la lógica son la única ley,  la forma de determinar las nuevas formas de dominación sin que existiese una violencia explícita sobre los dominados y así no provocar motines ni revueltas de una numerosa población descontenta contra una minoría que ostenta el poder. Y el panóptico de Bentham brinda esa receta maravillosa de una vigilancia donde todos se vuelven vigilantes, el poner bajo el ojo crítico de todos a todos que todos seamos juez y este nuevo sistema moderno no se pueda obrar contra las leyes ni se ha de quererlo.
Poder invisible: El camarada también es vigilante
¿Cómo el individuo es capaz entonces de auto regularse? ¿Cuál sería el elemento que coartaría a los individuos de desobedecer, sin necesidad siquiera de imponer castigos? Es en este punto donde Bentham pone la fe sobre la Mirada y el panóptico es el resultado de ello. Las personas no actuarán ni desearán actuar mal porque todos están expuestos a la opinión de los otros (condena y humillación pública), la mirada de los otros (alguien sabe cuando se obra mal, caso de la religión), los discursos de los otros (el aparato ideológico que internaliza la validez de dichas opiniones) (pp. 7)
Es por ello que la importancia de lo que ahora conocemos como “el qué dirán” se alza como el mayor vigilante de los actos de todos, y de lo que asegura la validez del discurso foucoltiano en el mundo posmoderno donde rigen las telecomunicaciones y la globalización.  En el caso del panóptico, la mirada se aplicaba en esos grupos que se consideran inferiores en la dinámica de la sociedad, de esos grupos que deben ser normados ya sea para introducirlos en una efectiva socialización (caso de los niños y los jóvenes a través de la escuela) ya sea para castigar y reforzar la normalización en los que cometen un delito (prisiones) o también para excluir a los que no logran ajustarse a esa normalización desvalidando su “juicio” y “sentido común” acusándolos de enfermos (como es el caso de las psiquiatrías) y así se puede seguir en varios escenarios en donde a los sujetos se los ubica en espacios de socialización como espacios de vigilancia y normatividad, donde todos ponen en práctica los códigos normativos establecidos, cumplan con el rol que se le asigna y el que se salga de ello se le castiga con la humillación pública, la exclusión social o el reforzamiento de la norma.
Por lo tanto, las técnicas de ejercicio del poder que se ven en el panóptico es la mirada y la palabra, según Bentham "es preciso estar incesantemente bajo la mirada de un inspector; perder la facultad de hacer el mal y caso el pensamiento de quererlo" por lo tanto lo que se desea es impedir obrar mal y quitarles el deseo de hacerlo, "no poder y no querer" sintetiza Foucault (pp.8)
Un método que según Foucault, resulta bastante barato ya que no hay necesidad de armas, violencias físicas para coaccionar al sujeto, basta una mirada, una que vigile y que cada uno sintiéndola pesar termine de interiorizarla hasta el punto de vigilarse a sí mismo (pp. 9) una de las formas más baratas y efectivas para vigilar aunque no la única.





La Maquinaria: El poder no se tiene, se ejerce
¿A favor de quién construye Bentham el panóptico? ¿Quién va a ser la mirada? Si en la sociedad post revolución ya no hay monarquía ya no hay dios ¿quién es entonces el que tendría el poder? Posiblemente ni siquiera el mismo Bentham lo tuviera claro, pero para Foucault el asunto estaba resuelto: nadie.
El poder, según dice, “no radicaría totalmente en alguien y que ese alguien ejercería él solo y de forma absoluta sobre los demás; es una máquina en la que todo el mundo está aprisionado, tanto los que ejercen el poder como aquellos sobre los que el poder se ejerce” (pp. 10) Esta maquinaria donde no todos son iguales, están plenamente diferenciados bajo una jerarquía piramidal pero esta no cuenta con un principio o un "centro luminoso", sino más bien existe un condicionamiento recíproco, mutuo e indefinido. Esta forma de ejercicio de la vigilancia si bien es a través de la vigilancia mutua, el castigo se ejerce de una forma jerárquica en donde se delega a otros ciertos niveles de poder, quienes vigilan y castigan pero también Foucault hace la aclaración que el poder no es una fuente sino es un tratamiento mutuo.
Al delegar ciertos niveles de poder, Foucault hace referencia de los capataces, los suboficiales que fuesen los que se encargasen de llevar a cabo las designaciones del patrón además de vigilar que todo estuviera en orden. Una nueva distribución de poder que se llama disciplina, con jerarquías, cuadros, inspecciones, ejercicios, condicionamientos y domesticaciones (pp. 12). Esto pues es lo que todos estamos sujetos a cumplir y a hacer cumplir. Es por ello que Bentham hiciera el énfasis en la disciplina a través del trabajo y no solo del productivo y es que existen tres dimensiones del trabajo: el trabajo productivo que es el que sirve al sistema de producción, que mueve la economía; el trabajo simbólico que es el que realizan las amas de casa, y el trabajo con función de domesticación o disciplinario que es el que ocupa a Foucault, a través del valor del trabajo se impone el hábito, la disciplina, se acostumbra y normaliza al individuo.
Resulta interesante que Foucault hiciera la observación que ese ejercicio disciplinario fuera aplicado primeramente a sectores de la sociedad mecanizados que contaban con fuerte presencia de mujeres o niños, esos espacios donde se encuentran las personas acostumbradas a obedecer: mujer a su esposo, niño a su maestro, en estos espacios las resistencias no se hacen visibles y más bien, se llevan a cabo estos procesos de domesticación con total tranquilidad.
Otra cosa sucede en los sectores mayoritariamente masculinos, y es que en estos casos se hace necesario delegar los poderes, de crear un verdadero contra-poder en donde se delega en el hombre que sea respetado por los demás ya sea un líder que a su vez, vean como su igual pero de quien respetan su autoridad (pp.16). Esto representa un punto interesante de lo que se concibe como la dominación, ya que los primeros ejercicios de vigilancia se aplican en sujetos de los que ya se espera una reacción sumisa, esto indica de una dominación mucho más primitiva, de la visión paternalista y adulto-céntrica.
Por lo tanto, el panóptico no es un producto de invención para que un grupo tenga el poder, sino más bien, es una maquinaria donde todos deben ejercer un papel distinto que unos dominan y se acercan más al poder que no se busca homogeneizar sino más bien que todos estén expuestos a la vigilancia, tanto de los otros como de la propia.  Que no sea necesaria la presencia de un ejército para coaccionar a los sujetos, sino que se mueva a través de canales tan finos que alcance a todos los individuos, su cuerpo, sus gestos que cada una de sus actividades cotidianas estén bajo la mirada y que a través de la auto-vigilancia ese poder logre la cúspide de su propósito: vigilar bien y fácilmente.   

El papel de las resistencias y las escapatorias en la sociedad donde todo se ve
Algo que sucedió con todos los reformadores del siglo XVIII, incluyendo Bentham, era la excesiva confianza en la opinión, pues la concebían como una opinión basada en la conciencia inmediata del cuerpo social entero (pp. 15), era vista como una reactualización del contrato social.
Esto hace del panóptico en cierta medida la utopía de la sociedad ilumidada, al asumir que la opinión estaría ajena a los intereses económico-políticos y se le atribuye el carácter de una vigilancia “democrática” por naturaleza.
Si Bentham creía en el poder de la mirada vigilante que asegurara el control social de manera justa, Foucault lo denomina como utópico ya que indica que esa mirada también puede estar a disposición de ciertos intereses económico-políticos. Ejemplo de  ello pone el periodismo; al creer que publicar todo nos encontraríamos con la verdad cuando en realidad esa verdad que se muestra, que se "ve" no es más que una visión maleable.
Foucault plantea entonces el cuestionamiento si la subalternidad alguna vez se cuestiona lo anterior, si están plenamente conscientes de la coacción a la que están siendo sometidos, o de que si lo asumen naturalmente. Como se señaló anteriormente, ciertamente en el caso de los hombres la resistencia es mucho más visible y se hacía de necesidad establecer contrapoderes para asegurar la vigilancia, también en todo presupuesto de regulación de la sociedad, el papel de las resistencias toma un protagonismo.
Es por ello que Michelle Perrot hace mención de los descontentos de los obreros por los horarios, por habitar en las ciudades obreras, del alto nivel de violencia que se maneja en las cárceles. Y es que al analizar la aplicación del panóptico, deben analizarse las resistencias en términos de táctica y estrategia indica Foucault (pp. 17) y es que es necesario superar que el ejercicio del poder es victorioso y pasivo, sino más bien el análisis del poder debe guiarse en señalar las posiciones y los modos de acción tanto de los dominantes como los que se resisten, las posibilidades de resistencia y contra-ataque de unos y otros.
Y es que pregunta Foucault, ¿la relación de fuerzas en el orden de la política es una relación de guerra? Hacer una respuesta definitoria de ello no puede darse al afirmar que las relaciones de poder se basan solamente en una lucha entre dominantes y dominados, ya que “si se toma en serio la afirmación de que la lucha está en el corazón de las relaciones de poder, hay que tener presente que la brava y vieja <lógica> de la contradicción no basta para desembrollar los procesos reales” (pp.17) Dejando abierta la posibilidad que en realidad no todo se puede deducir de las conflictivas relaciones de producción que bien afirma Marx.
Los prisioneros en su resistencia van a anhelar tomar la torre que todo lo ve, si ellos toman la torre ¿acaso no se volverían vigilantes también? ¿por lo tanto, qué vigilancia y a favor de quién sirve el panóptico? Estas interrogantes no son más que el preámbulo de lo que Foucault desarrolla en su teoría del poder.

Julia Leonor Silvestre     200810525
Rebeca Eunice Vargas   200512411

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